Este artículo fue publicado originalmente en VICE Colombia
Hay premios de premios. Unos son galardones autoimpuestos, otros
son ocurrencias de cuatro gatos en un restaurante, y tampoco faltan los concursos
de popularidad con el típico “recuerda que puedes votar una vez por día.”
Medellín, la ciudad donde vivo, se ha ganado un montón de vainas de estas.
Cada premio ganado es una excusa para sacar ese trilladísimo
orgullo paisa y llenarnos la boca diciendo que estamos en el mejor vividero del
mundo, que somos los más innovadores, con las mujeres más bonitas y el mejor
clima, y cómo no, que Medellín es mucho mejor que Bogotá. Estos premios
terminan siendo una pendejada más para poner en una estantería.
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El río y la ciudad en la ladera. Foto: Archdaily.co |
Pero también hay premios como el Lee Kuan Yew, que son cosas en
serio. Así como sólo los gomosos de las matemáticas saben que es una Medalla
Fields, el Lee Kuan Yew es un premio que conocen los expertos en desarrollo
urbano, pero que pasa desapercibido para la población. Se entrega después de un
proceso largo de nominación y evaluación, donde expertos de primer nivel deciden
reconocer un aporte extraordinario en urbanismo de una ciudad. Para tratar de
darle la importancia que tiene, los medios le dicen “el nobel de las ciudades,”
pero es posible que esto se quede corto.
Este premio se da cada 2 años, y lo empezaron a entregar en 2010.
La ciudad china de Suzhou se lo ganó en 2014 porque fue capaz de encontrar un
equilibrio entre la conservación de su patrimonio histórico y la necesidad de
crecer al ritmo de la economía china. Nueva York, galardonada en 2012, fue
premiada por sus proyectos de espacio público y por convertir a una metrópolis
tan compleja en un ejemplo de sostenibilidad.
Medellín se ganó esto porque, como ciudad, nos atrevimos a pensar y hacer proyectos valientes
que parecían locuras. El Metrocable puede ser el ejemplo perfecto: ¿A quien se le
hubiera ocurrido que unas góndolas podían funcionar como transporte público? No
solamente funcionó con éxito absoluto, sino que cambió el chip urbano de la
comuna nororiental.
Este premio no nos da ningún superlativo ni nos hace los mejores
en nada. Sin embargo, es algo que va a poner a Medellín como caso de estudio obligado
en las facultades de urbanismo alrededor del mundo. Eso sí es un reconocimiento
de verdad.
La primera ciudad que ganó el Lee Kuan Yew en 2010 fue Bilbao por
la renovación urbana alrededor de su río. Paso de ser una cloaca a convertirse
en el corazón de la ciudad, con sede del Guggenheim incluido.
En Medellín, recuperar el río es nuestro proyecto más difícil y
más ambicioso. Si hemos hecho innovación urbana con las escaleras eléctricas,
el jardín circunvalar y las UVAS, lograrlo con el río es nuestra forma de
probar finura. El reto es ser capaces de poner las autopistas bajo tierra para
construirles un parque arriba, a modo de central park paisa.
Atacar Parques del Río es muy fácil porque es una obra grande que
causa incomodidades de construcción. A los que se mueven en carro los emputa
porque va a cobrar un peaje a futuro y a los ambientalistas porque
necesariamente se van a tumbar árboles para hacerla. Para indignar a la
población general solamente hay que ponerle el adjetivo “faraónico” y darse
golpes de pecho mientras se clama que esa plata se invierta en salud y
educación. Lo curioso, es que la gente aceptaría que esa plata se gaste en más
vías (que benefician a los sectores más pudientes) porque supuestamente tenemos
un atraso de 20 años.
Defenderlo, por el contrario, es una cosa jodida. Es difícil explicarle
a la gente que el parque no es un parque sino que es una estrategia para que la
ciudad crezca hacia adentro. Aparte de los urbanistas, poca gente entiende la
importancia de una ciudad compacta. El
discurso de renovación urbana en las orillas del río no resuena, y el público
no conecta los puntos entre los beneficios en calidad de vida y salud que
vienen con el acceso a espacio público. A pesar que Parques del Río es el
centro del proceso de planificación urbana más juicioso de los últimos años,
para mucha gente es una improvisación.
Sin embargo, la Alcaldía pasada se la jugó por el río. Arrancó con
la primera fase del proyecto y dejó la segunda contratada. También hizo del Río
el eje de la ciudad en el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial y, de paso,
vinculó a 3 de las empresas más importantes y queridas de Medellín, EPM, ISA y
el Metro, para que invirtieran en el megaproyecto. La idea es que estas
empresas pusieran plata al principio y luego recibirían retornos a futuro con
recursos de peajes, plusvalías y cobros de valorización.
Así, el municipio no tendría que gastarse todos sus recursos en el
proyecto, y se contaba con un respaldo técnico de primer nivel. La Sociedad se
creó en noviembre de 2015, y todo parecía augurar un futuro con una Medellín centrada
en su río.
Pero luego vino el cambio de
administración.
Medellín es la ciudad que es porque los gobernantes han sido
capaces de darle continuidad a los proyectos de sus enemigos políticos más
acérrimos, y la ciudad se ha ido construyendo sobre lo construido. Pero cuando
Federico Gutiérrez llegó a la alcaldía, hubo un viraje completo sobre la
importancia del río. Parques del Río pasó de ser el articulador de la ciudad a
un proyecto bueno, pero que no es prioritario.
Públicamente, el alcalde empezó a criticar al proyecto y la
planificación del mismo, creando un ambiente desfavorable de la opinión
pública. La segunda fase fue aplazada 6 meses y el cronograma de las obras
existentes, que avanzaba de manera vertiginosa, de un momento a otro pareció
desacelerarse dramáticamente.
Aunque estas cosas son desafortunadas, lo verdaderamente grave es
que la administración no le dará vía libre a las fases futuras del proyecto,
que son las que tienen mayor potencial de atraer inversión y renovación urbana.
Además, la Alcaldía ha anunciado la intención de disolver la sociedad Parques del Río, para
que EPM no haga parte de ella. Esto sería irse en contravía de la innovación
urbana que nos hizo ganar el Lee Kuan Yew.
Hay que entender que el Municipio no está precisamente en épocas de
vacas gordas y que la prioridad de esta Alcaldía es el tranvía de la 80. Además,
el Alcalde no está de acuerdo con financiar el proyecto con recursos de
valorización.
Cobrar valorización es una medida muy poco popular, pero ante una
oportunidad de estas vale la pena darse la pela política. En el pasado se ha
cobrado valorización para hacer vías, pero sería interesante ver que se cobrara
para hacer algo que en realidad aumente el valor el suelo. El 12 de julio la
junta directiva de la Sociedad Parques del Río se va a reunir otra vez. Allí se
definirá si sigue existiendo y si es posible empezar a pensar en las etapas
futuras de una vez, con otras formas de financiación o empezando por otros
lados.
Es muy triste caer en el viejo adagio paisa de matar al tigre y
asustarse con el cuero, pero nos puede pasar. Hoy tenemos el impulso de
innovación urbana, la validación de los expertos mundiales, el apoyo de las
empresas serias y un plan completo, con modelos financieros que cierran.
Sería el colmo que nos
diera culillo en este momento.